martes, 14 de julio de 2015

Kagi no Kakatta Heya.(2012)

Al publico japonés le encantan las series de misterio. Cada temporada uno puede encontrar en la pequeña pantalla nipona varias series policíacas sobre asesinatos de complicada resolución, muy al estilo de las novelas de Agatha Christie. Es el caso de “Kagi no kakatta heya”, la serie de once episodios de la Fuji TV, que enganchó a las televisiones japonesas a una gran cantidad de público la primavera pasada.
Y es que si a esas historias de misterio, en este caso de asesinatos realizados en “habitaciones cerradas”, en el que el suicidio siempre se descarta, le unimos un trío protagonista de primer orden encabezado por el Arashi Satoshi Ohno, Erika Toda (Liar Game) y un todo terreno como Koichi Sato (The Last Ronin), tenemos un producto listo para atraer a los televidentes nipones (y no nipones).

Un abogado de alto nivel, especializado en temas corporativos, recibe la petición de uno de sus clientes de investigar el caso de aparente suicidio del presidente de una compañía. Este falleció en una habitación completamente cerrada, por lo que la policía no le dio demasiadas vueltas al caso declarando el suicidio, pero al cliente no le cuadran las cosas. El abogado se lleva al lugar de los hechos a una ayudante novata y, llaman a un experto de una agencia de seguridad, Enomoto, un hombre de una personalidad muy especial.
El trío protagonista por supuesto resuelve el caso, gracias a la perspicacia de Enomoto, y a partir de ahí les comienzan a pedir cada vez más que resuelvan casos similares, asesinatos imposibles en habitaciones completamente selladas.



Dentro de las series de televisión uno normalmente busca algo diferente a lo que puede proporcionar el cine. Como formato diferente, la televisión puede ofrecernos ese rato de entretenimiento ligero, en que los elementos familiares y recurrentes son totalmente reconocibles, y en el que cada semana tenemos nuestra cita para reencontrarnos con ellos. En esa linea se mueve “Kagi no kakatta heya”, una serie en absoluto novedosa, pero que nos ofrece un puzzle semanal apetecible, con un tono muy ameno y con el atractivo de ese trío de personajes protagonistas como gran reclamo.

Y es que gran mérito de que la serie enganche como lo hace es el personaje de Enomoto-san (y la interpretacion de Ohno), ese enigmático hombre parco en palabras y gestos, de personalidad casi autista, pero con una perspicacia y poderes de observación y deducción dignos de Holmes. Así cada semana le vemos mirar y remirar, buscar los pequeños huecos de cada caso y buscar una explicación razonable (que, no nos engañemos, también suelen tener algún hueco), para los asesinatos.
Se establece una relación curiosa entre Enomoto-san y los otros dos protagonistas: Aoto, la ayudante del abogado, le admira profusamente aunque sin llegar a nada más, y desde luego le produce curiosidad ese hombre al que llaman para resolver casos, pero del que desconocen todo de su vida personal. Poco a poco Aoto intenta saber más de él, pero es complicado teniendo en cuenta su personalidad completamente cerrada.
Por otro lado esta Serizawa, el gran abogado egocéntrico que necesita de Enomoto, aunque, la verdad, no le gusta necesitarle. Se crea así una relación un poco tensa, en que el abogado intenta adelantarse a las deducciones de Enomoto, pero fracasando sonoramente, claro.

La estructura de la serie es de un caso por cada capítulo, y aunque hay un pequeño trasfondo de historia más general, en la que el misterioso Enomoto esta involucrado, algo que se resuelve en el caso final de los dos últimos episodios, la evolución más importante es la de las propias relaciones entre los tres, con cada vez más confianza entre ellos.
La verdad es que los casos son bastante predecibles, especialmente en aquellos episodios (y son varios) en los que hay algún actor famoso invitado, y son varios ya que pasan por la serie el mismísimo Sho Aikawa (Zebraman), Keisuke Horibe (Love Exposure) o Shido Nakamura (Neighbour no.13), se le pueden buscar algunos agujeros a las explicaciones rebuscadas, además del prácticamente nulo papel de la policía (que aparece más como una molestia que otra cosa), pero uno perdona esos detalles por la simpatía que destila todo el producto.

Las virtudes de la serie, como esos momentos recurrentes en todos los episodios, como los gestos que hace Enomoto cuando va a resolver el misterio, con frase incluída, superan con mucho a los puntos negativos que pueda tener, y aunque se trata de una propuesta que las cadenas de televisión japonesas revisitan una y otra vez cambiándole el envoltorio, es una serie de lo más recomendable.

7 de 10

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